EL RIESGO DE SER POETA
El poeta es un testigo de sí mismo, es un observador que se mira, que contempla su dolor, que analiza, sintetiza lo que siente. Es un vividor, si por vividor se entiende, aquel que por la vida pasó con la mirada ausente, experimentándolo todo sin pertenecer a nada, observando la vida desde fuera, desde más allá para no mezclarse, estando.
El poeta es uno que desvive, que se bajó del tren con valentía para sufrir, sintiéndose responsable del peso de los hombres. El poeta es un quijote lanza en ristre, es un David, pequeño, que atemoriza a gigantes. El poeta es un destructor iracundo, el poeta es un gladiador solitario, el poeta no es refinado porque la poesía es sentimiento y estos son primitivos, ancestrales, porque no nacen en la mente, porque son de la tierra, porque rugen en las entrañas, porque explosionan en la boca, porque como lava, quema todo cuanto toca. Quiere dar vida, y dar vida cuesta, duele, rompe, rasga, desgasta. El poeta no tiene descanso, la poesía lo devora, lo engulle y lo transforma, lo mata y resucita. La poesía es dura aunque se hable de amor, quiere ser verdad y la mano su yunque. Compadeced al poeta porque es un ser solitario, escalador de montañas imposibles, hombre que se inmola por el mundo en protesta por los débiles, se rocía con palabras encendidas y se quema vivo, como escarmiento. El poeta sale al ruedo arriesgando su vida salta a la arena, espontáneo, y sin saber torear, se enfrenta solo, por nada. El poeta es un misántropo viajero, es observador compasivo, un avisador atrincherado, un francotirador certero. El poeta es un buscador frustrado, un usurpador farsante, un notario fraudulento, un juez corrompido, porque se apropia de lo ajeno, autor negro solapado que escribe al dictado lo que le susurra Dios al oído. El poeta es un vanidoso encubierto, ¡otro Alejandro Magno! Porque el amor no tiene pretensiones de ninguna clase, ni palabras que decir, se conforma tan solo con amar aunque ello signifique, en muchos casos,sufrir.
El poeta es uno que desvive, que se bajó del tren con valentía para sufrir, sintiéndose responsable del peso de los hombres. El poeta es un quijote lanza en ristre, es un David, pequeño, que atemoriza a gigantes. El poeta es un destructor iracundo, el poeta es un gladiador solitario, el poeta no es refinado porque la poesía es sentimiento y estos son primitivos, ancestrales, porque no nacen en la mente, porque son de la tierra, porque rugen en las entrañas, porque explosionan en la boca, porque como lava, quema todo cuanto toca. Quiere dar vida, y dar vida cuesta, duele, rompe, rasga, desgasta. El poeta no tiene descanso, la poesía lo devora, lo engulle y lo transforma, lo mata y resucita. La poesía es dura aunque se hable de amor, quiere ser verdad y la mano su yunque. Compadeced al poeta porque es un ser solitario, escalador de montañas imposibles, hombre que se inmola por el mundo en protesta por los débiles, se rocía con palabras encendidas y se quema vivo, como escarmiento. El poeta sale al ruedo arriesgando su vida salta a la arena, espontáneo, y sin saber torear, se enfrenta solo, por nada. El poeta es un misántropo viajero, es observador compasivo, un avisador atrincherado, un francotirador certero. El poeta es un buscador frustrado, un usurpador farsante, un notario fraudulento, un juez corrompido, porque se apropia de lo ajeno, autor negro solapado que escribe al dictado lo que le susurra Dios al oído. El poeta es un vanidoso encubierto, ¡otro Alejandro Magno! Porque el amor no tiene pretensiones de ninguna clase, ni palabras que decir, se conforma tan solo con amar aunque ello signifique, en muchos casos,sufrir.
Venancio Rodríguez Sanz
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