A & B
En una manifestación, um hombre les dice a
sus seguidores a través de um micrófono:
A─ ¡Compañeros! Al estado le interesa que el pueblo sea ignorante, porque de esa manera lo puede manejar mejor.
A─ ¡Compañeros! Al estado le interesa que el pueblo sea ignorante, porque de esa manera lo puede manejar mejor.
En
ese momento, salta uno de los allí congregados y le replica:
B─ No, perdone. Al estado le interesa que el pueblo sea cuanto más culto, mejor. Porque cuanta más cultura, más disensión, y cuanta más disensión, más desunión y más enfrentamiento. A quién verdaderamente le interesa que el pueblo sea ignorante es a los Sindicatos, Asociaciones, Centros Culturales, etc. Primero porque son grupos de presión, segundo son cuotas mensuales, obtienen parcelas de poder con los que medrar ellos, sus familias y amigos, ¿lo comprende usted? La única salida está en el individuo, en la individualidad, el bien de uno por el bien de todos. Los grupos sociales se corrompen...
A─ No estoy de acuerdo, compañero. Eres un reaccionario.
B ─ ¿Me puede decir, qué quiere decir ser reaccionario?
A ─ Pues, no lo sé, pero lo dicen todos.
B ─ ¿A qué se dedica usted?
A ─ Yo soy sindicalista liberado de una de las mejores empresas de Zaragoza.
B ─ AH!
B─ No, perdone. Al estado le interesa que el pueblo sea cuanto más culto, mejor. Porque cuanta más cultura, más disensión, y cuanta más disensión, más desunión y más enfrentamiento. A quién verdaderamente le interesa que el pueblo sea ignorante es a los Sindicatos, Asociaciones, Centros Culturales, etc. Primero porque son grupos de presión, segundo son cuotas mensuales, obtienen parcelas de poder con los que medrar ellos, sus familias y amigos, ¿lo comprende usted? La única salida está en el individuo, en la individualidad, el bien de uno por el bien de todos. Los grupos sociales se corrompen...
A─ No estoy de acuerdo, compañero. Eres un reaccionario.
B ─ ¿Me puede decir, qué quiere decir ser reaccionario?
A ─ Pues, no lo sé, pero lo dicen todos.
B ─ ¿A qué se dedica usted?
A ─ Yo soy sindicalista liberado de una de las mejores empresas de Zaragoza.
B ─ AH!
CLARIDA
- OSCURIDAD
─ Señor, ¿usted, qué religión profesa?
─ Yo profeso la misma religión que usted, ¿soy malo?
─ Perdone mi insistencia, pero, ¿podría decirme en qué partido milita?
─ Yo soy del mismo partido que usted, ¿soy corrupto?
─ Usted entiende...
─ Yo, no comprendo, ¿soy raro?
─ ¿Podría hacerle una pregunta personal?
─ Claro está.
─ ¿Usted a qué se dedica?
─ Yo soy peluquero, ¿y usted?
─ A lo mismo que usted.
Y para terminar, la última pregunta y con esto termino: ¿Quién es usted?
─ Yo, soy tú.
─ Muchas gracias Sr. por claridad.
─ No hay por qué darlas. La claridad o la oscuridad no están en las respuestas, sino en las preguntas....
─ Yo profeso la misma religión que usted, ¿soy malo?
─ Perdone mi insistencia, pero, ¿podría decirme en qué partido milita?
─ Yo soy del mismo partido que usted, ¿soy corrupto?
─ Usted entiende...
─ Yo, no comprendo, ¿soy raro?
─ ¿Podría hacerle una pregunta personal?
─ Claro está.
─ ¿Usted a qué se dedica?
─ Yo soy peluquero, ¿y usted?
─ A lo mismo que usted.
Y para terminar, la última pregunta y con esto termino: ¿Quién es usted?
─ Yo, soy tú.
─ Muchas gracias Sr. por claridad.
─ No hay por qué darlas. La claridad o la oscuridad no están en las respuestas, sino en las preguntas....
SABER LEER
¡Ay! Es domingo, ¡qué bien! Como
todos los domingos, me voy a la montaña. Me levanto temprano. Me visto.
Desayuno. Salgo a la calle. Con paso vivo me dirijo al Paseo Mª Agustín, frente
al museo de Pablo Serrano, desde allí sale el autobús de Montañeros de Aragón.
Esta vez iremos a Alquezar.
Llega el coche: me subo, me siento, pongo mi jersey en la ventana y apoyo la cabeza para dormir. Pasan 5 minutos escasos y, oigo una voz que me pregunta:
-Está ocupado el asiento.
Le miro y le contesto que no, que no está ocupado.
Se sienta el hombre y empieza a hablarme. Yo abro un ojo, le miro y soplo. Observo que mientras habla el hombre no me mira, (si lo hiciera, se daría cuenta de que quiero dormir, o no quiere mirarme porque le importa un pito que yo quiera dormir, − me dije.
El hombre no deja de hablar de cosas intrascendentes, ¡chaca, chaca! No sé qué hacer, si decirle que se calle o atenderle. Decido atenderle, parece que necesita hablar. Vale hablemos− me digo− pero, hablaremos de lo que yo quiera... Entonces le digo:
− Usted sabe que no existe, que nunca nació, que nunca pronunció ni una sola palabra. Porque, ¿qué es el ser? Si no sabe lo que es el ser, ¿cómo puede decir que vive? ¡Eh!
El hombre me mira traspuesto, y me pregunta:
− ¿Tú quién eres?
−Yo he venido para darle un comunicado −le digo.
El hombre me inspecciona la cara por si es broma. Yo la mantengo impasible. Así, con este tema, hablamos rato y rato. Noto que el hombre se está alterando. Noto también que los ocupantes del asiento delantero están haciendo oreja y, en un momento dado, el señor me dice en un tono un tanto desagradable:
− ¡Ya está bien, ¡eh! Nos estáis molestando.
Yo, educadamente, le digo que no estoy hablando con ellos y que todo el mundo habla. Le digo también que si no hicieran oreja, no se molestarían. En ese momento, el señor le dice a mi compañero de asiento que no entiende cómo me aguanta. Mi compañero le dice:
− No, si soy un hombre con mucho aguante...
Llega el coche: me subo, me siento, pongo mi jersey en la ventana y apoyo la cabeza para dormir. Pasan 5 minutos escasos y, oigo una voz que me pregunta:
-Está ocupado el asiento.
Le miro y le contesto que no, que no está ocupado.
Se sienta el hombre y empieza a hablarme. Yo abro un ojo, le miro y soplo. Observo que mientras habla el hombre no me mira, (si lo hiciera, se daría cuenta de que quiero dormir, o no quiere mirarme porque le importa un pito que yo quiera dormir, − me dije.
El hombre no deja de hablar de cosas intrascendentes, ¡chaca, chaca! No sé qué hacer, si decirle que se calle o atenderle. Decido atenderle, parece que necesita hablar. Vale hablemos− me digo− pero, hablaremos de lo que yo quiera... Entonces le digo:
− Usted sabe que no existe, que nunca nació, que nunca pronunció ni una sola palabra. Porque, ¿qué es el ser? Si no sabe lo que es el ser, ¿cómo puede decir que vive? ¡Eh!
El hombre me mira traspuesto, y me pregunta:
− ¿Tú quién eres?
−Yo he venido para darle un comunicado −le digo.
El hombre me inspecciona la cara por si es broma. Yo la mantengo impasible. Así, con este tema, hablamos rato y rato. Noto que el hombre se está alterando. Noto también que los ocupantes del asiento delantero están haciendo oreja y, en un momento dado, el señor me dice en un tono un tanto desagradable:
− ¡Ya está bien, ¡eh! Nos estáis molestando.
Yo, educadamente, le digo que no estoy hablando con ellos y que todo el mundo habla. Le digo también que si no hicieran oreja, no se molestarían. En ese momento, el señor le dice a mi compañero de asiento que no entiende cómo me aguanta. Mi compañero le dice:
− No, si soy un hombre con mucho aguante...
Y yo me digo:
−Esto me pasa por tener compasión.
"MUJER DE LA VIDA"
HIJO: Padre, de hombre a hombre. Hoy he conocido a una mujer de la vida, ¡ay!
PADRE: ¡Ah, sí! Cuenta, cuenta, ¿dejaste el pabellón bien alto?
H: Hice lo que pude, padre ¡ay! Es una mujer muy exigente. Es una mujer, que se da, pero que nadie puede poseerla.
P: A ver, explícate, hijo. Que no lo entiendo.
H: Pues eso, que se va con cualquiera. A todo el mundo dice que sí, pero con nadie se compromete.
P: Sí hijo, las mujeres son poliédricas. No hay dios que las entienda.
H: La verdad es que tienes razón, aunque, todos tienen de ella una opinión diferente.
P: La mujer es una y muchas a la vez, según el punto de vista de quienes la juzguen.
HIJO: Padre, de hombre a hombre. Hoy he conocido a una mujer de la vida, ¡ay!
PADRE: ¡Ah, sí! Cuenta, cuenta, ¿dejaste el pabellón bien alto?
H: Hice lo que pude, padre ¡ay! Es una mujer muy exigente. Es una mujer, que se da, pero que nadie puede poseerla.
P: A ver, explícate, hijo. Que no lo entiendo.
H: Pues eso, que se va con cualquiera. A todo el mundo dice que sí, pero con nadie se compromete.
P: Sí hijo, las mujeres son poliédricas. No hay dios que las entienda.
H: La verdad es que tienes razón, aunque, todos tienen de ella una opinión diferente.
P: La mujer es una y muchas a la vez, según el punto de vista de quienes la juzguen.
H: Padre, estoy enamorado de ella.
Ella es... Lo que tanto tiempo he buscado y no la dejaré escapar.
P: ¡Hombre, hijo! Ten en cuenta
que es una mujer de la vida. Todos quieren poseerla, pero es imposible
abarcarla. Confórmate con tener la suerte de coincidir con ella aunque solo sea
en algunos momentos. Te hará infeliz, hijo.
H: No me importa. Ella es todo lo
que quiero en la vida, padre.
P: ¿Y cómo dices que se llama?
H: Ella se llama: verdad.
P: Pero; ¿no decías que era
una mujer de la vida?
H: Y de la vida es... Padre
LA JAULA
Hace
mucho tiempo, en uno de esos documentales que echan en la 2 de
televisión española, vi algo que me impactó. El documental se había
realizado en un pueblo de Indonesia en el que vivían del cultivo del
plátano. Decían que una plaga de monos arrasaba sus plantaciones. Los
agricultores se defendían de los monos con una curiosa trampa: se trataba de
una jaula en la que dentro colocaban una naranja, y la colgaban del platanero.
Cuando llegaba el mono, metía la mano en la jaula para coger la naranja; pero,
al ser la naranja más grande que la puerta de la jaula, no podían sacarla,
quedando los monos atrapados allí con la naranja en la mano, hasta que
venía el agricultor y los mataba. Yo, en mi inocencia, pensaba: ¡qué tontos los
monos! Con lo fácil que hubiera sido, abrir la mano y escapar de aquella trampa
tan simple, ¿verdad? Pasado el tiempo, y tras pasar por varias crisis
económicas, he llegado a la conclusión de que los monos no eran tan tontos como
yo pensaba. Aún queda alguien que les supera en torpeza, y ese es el hombre, yo
incluido, claro está. Si tomamos al consumismo como una jaula. La puerta de la
jaula como los bancos. La naranja como el objeto deseado. Tenemos que: al coger
más de lo que cabía esperar en nuestras manos, hemos quedado prisioneros
de nuestra ambición sin poder sacar la mano a través de la puerta (los bancos).
Compruebo con tristeza, que aquella máxima de: "la avaricia rompe el
saco", sigue estando en vigor. Al menos, los monos sólo querían comer.
Nosotros estamos más que hartos, y aún así, queríamos más. Si
podéis, queridos monos, perdonad a este pobre mortal que algún día, en su
ignorancia, os menospreció. Muchas gracias por la lección.
LA PRINCESA
Llega Don Rodrigo Díaz de Vivar a las puertas de un castillo. Era de noche. Grita Don Rodrigo a gran voz:
RODRIGO: ¡Ah del
castillo!
VIGILANTE: ¿Quién va? −pregunta el vigilante.
VIGILANTE: ¿Quién va? −pregunta el vigilante.
R: Soy Don Rodrigo
Díaz de Vivar, también llamado el "Cid Campeador".
V: ¿Qué
deseáis?
R: Deseo, deseo... Lo he olvidado.
V: Pues vamos a luchar.
R: Pues hombre, luchar por luchar, no tiene sentido, ¿qué quiere que le diga?...
V: Sí bueno, es que, para eso se nace, ¿no? Para luchar por luchar.
R: No, de eso nada, yo creo en el hacer sin hacer. "Wu-wey", como dicen los orientales.
V: Pero qué "Wu-wey", ni qué narices. Todo el mundo lucha por algo, aunque sabemos que nadie se lleva nada de aquí. El sentido de la vida, es la lucha por la lucha ¡vamos! ¡Luchemos, luchemos!
R: No, yo creo en el amor, el amor es, el amor es, ¿cómo se lo diría?... El amor es... Una mariposa.
V: Eso son pamplinas. Las cosas tienen el valor que cuestan conseguirlas. Además, la vida sin lucha no tiene sentido. ¡A luchar, a luchar!
R: Deseo, deseo... Lo he olvidado.
V: Pues vamos a luchar.
R: Pues hombre, luchar por luchar, no tiene sentido, ¿qué quiere que le diga?...
V: Sí bueno, es que, para eso se nace, ¿no? Para luchar por luchar.
R: No, de eso nada, yo creo en el hacer sin hacer. "Wu-wey", como dicen los orientales.
V: Pero qué "Wu-wey", ni qué narices. Todo el mundo lucha por algo, aunque sabemos que nadie se lleva nada de aquí. El sentido de la vida, es la lucha por la lucha ¡vamos! ¡Luchemos, luchemos!
R: No, yo creo en el amor, el amor es, el amor es, ¿cómo se lo diría?... El amor es... Una mariposa.
V: Eso son pamplinas. Las cosas tienen el valor que cuestan conseguirlas. Además, la vida sin lucha no tiene sentido. ¡A luchar, a luchar!
R: ¡Qué manía con luchar! Yo me rindo, luche usted si quiere. Para mí las
cosas más importantes nos vienen regaladas, sin lucha. Cosas tales como: el
amor, el aire, el agua, la amistad, las hortalizas... Cuanto más necesarias,
más gratuitas. Yo creo en la gratuidad de las cosas importantes.
V- ¡Bueno, bueno! Dejémonos de filosofías baratas y dígame
a qué ha venido. Que tengo mucho qué hacer.
R- ¡Ah ya, ahora me acuerdo! Yo venía para raptar a la Princesa.
Robar todo el oro de las arcas y matar a todos los vigilantes, si hiciera
falta...
V- ¡Jo! Ahora comprendo por qué cree usted en la gratuidad de las
cosas...
"EL TIEMPO Y EL GRIS"
"EL TIEMPO Y EL GRIS"
Estoy
en un pasillo gris. Al fondo, hay un banco gris al lado de una puerta gris. Leo
en el tablón de anuncios que hay cuatro personas antes que nosotros. Me
siento y me pongo a leer a Octavio Paz (El arco y la Lira ). El tiempo pasa
pesadamente. Poco a poco se va llenando el pasillo de gente preocupada. Son las
9:30 de la mañana. Sale una chica de aquella puerta gris con una carpeta
gris en sus brazos, y llama a los primeros. Entran y salen en 15 minutos.
Entran otros dos y después que salen, nos llaman a nosotros. Le digo
a la secretaria que el otro chico no está, que no ha venido y
entro yo solo en una habitación sobria bajo una luz tenue. Me dicen que me
siente, y lo hago a la derecha de ellos. Da comienzo el acto, el tiempo se
detiene. Me ordenan que me acerque al micrófono y me acerco. Expongo mi
versión de los hechos. Los nervios me traicionan, se me agolpan las palabras en
la boca. Cuando termino, entre ellos hablan de una forma apagada y
monocorde, como si de un rito religioso y ancestral se tratase. Yo he traído
a un testigo, pero me dicen que a la luz de lo expuesto, no es necesario
que intervenga. Leen algo que no entiendo y me miran de vez en cuando. Me hacen
firmar un papel. Me dicen que el día 19 de Julio tengo que volver para
recoger el resultado. Salgo de la
Sala de la
Audiencia nº 8 con paso lento y, a pesar de que se
supone que he ganado el juicio, me queda un amargo sabor de
boca. Entro en la
Plaza del Pilar. El bullicio de la gente pone en
funcionamiento mi reloj. Todo se llena de color, comienzo a
respirar, ¡Tic, tac, tic, tac...!
¡QUE
VIENEN LOS GRISES!
− ¡Papá, papá! De tanto correr delante de los grises, se me pegó el color.
− ¿En qué lo notas, hijo?
− En que cuando alguien opina diferente en el Sindicato, el partido, en la Asociación, etc.… Procuro taparle la boca con amenazas o expulsarlo por diferentes medios...
− ¡Va! No será para tanto.
-− ¡Papá! Si sabes lo que te conviene, te aconsejo que no me lleves la contraria...
− ¡Papá, papá! De tanto correr delante de los grises, se me pegó el color.
− ¿En qué lo notas, hijo?
− En que cuando alguien opina diferente en el Sindicato, el partido, en la Asociación, etc.… Procuro taparle la boca con amenazas o expulsarlo por diferentes medios...
− ¡Va! No será para tanto.
-− ¡Papá! Si sabes lo que te conviene, te aconsejo que no me lleves la contraria...
PEQUEÑO
SALTAMONTES
Estando meditando un maestro oriental en una colina, se le acerca un discípulo y le pregunta:
-−Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para ser poeta?
Le dijo el Maestro:
− Pequeño Saltamontes, cumple la ley.
El joven le contestó:
− Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?
Le dice el maestro:
− Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Luego ven, y sígueme...
Al oír estas palabras, el joven le replica:
− Maestro, me parece que se equivoca de película... Yo, yo sólo quiero ser poeta.
A lo que el maestro adujo:
− ¡UY, perdona! Para ser poeta, tienes que frecuentar los círculos culturales, leer, escribir todos los días, comprar jaboncillo y vaselina.
Al oír esto; el joven se entristeció y adujo:
− Maestro, ¿estás seguro de esto que me dice?
A lo que repuso el maestro:
− ¡UY! Pequeño Saltamontes, ¿cómo te piensas que lo he conseguido yo?...
Estando meditando un maestro oriental en una colina, se le acerca un discípulo y le pregunta:
-−Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para ser poeta?
Le dijo el Maestro:
− Pequeño Saltamontes, cumple la ley.
El joven le contestó:
− Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?
Le dice el maestro:
− Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Luego ven, y sígueme...
Al oír estas palabras, el joven le replica:
− Maestro, me parece que se equivoca de película... Yo, yo sólo quiero ser poeta.
A lo que el maestro adujo:
− ¡UY, perdona! Para ser poeta, tienes que frecuentar los círculos culturales, leer, escribir todos los días, comprar jaboncillo y vaselina.
Al oír esto; el joven se entristeció y adujo:
− Maestro, ¿estás seguro de esto que me dice?
A lo que repuso el maestro:
− ¡UY! Pequeño Saltamontes, ¿cómo te piensas que lo he conseguido yo?...
"PÁJARO QUE HACE SU
NIDO"
− Maestro; la poesía de Aragón, es como un pájaro que hace su nido...
−Pequeño Saltamontes, ¿estás enamorado?
− No maestro, es que me duele la tripa.
.− Pues, no lo entiendo, ¿qué misteriosa relación guarda una cosa con la otra, pequeño Saltamontes?
− Maestro, es que lo del pájaro y el nido es una metáfora que va unida a mi dolor de tripa, ¿lo va cogiendo ahora, maestro?...
− ¡AH! Ahora lo comprendo, pequeño Saltamontes. Ahora lo comprendo...
− Maestro; la poesía de Aragón, es como un pájaro que hace su nido...
−Pequeño Saltamontes, ¿estás enamorado?
− No maestro, es que me duele la tripa.
.− Pues, no lo entiendo, ¿qué misteriosa relación guarda una cosa con la otra, pequeño Saltamontes?
− Maestro, es que lo del pájaro y el nido es una metáfora que va unida a mi dolor de tripa, ¿lo va cogiendo ahora, maestro?...
− ¡AH! Ahora lo comprendo, pequeño Saltamontes. Ahora lo comprendo...
"LA
MALA EDUCACIÓN"
Me sorprende desfavorablemente sus injustas palabras en la última página del Heraldo de Aragón del Marte día 11 de Junio, referentes a la mala educación de nuestros jóvenes, Sr. Fernando Benzo (Subdirector de Educación, Cultura y deporte), ¡qué fácil es echar balones fuera! Siempre resulta más descansado culpabilizar a los efectos ignorando las causas, ¿verdad? ¿Se ha planteado que quizá seamos los educadores, los responsables de la situación? Aunque el sistema educativo cambiara, seguiría todo igual porque el mal está en nosotros, "los mayores".
El problema radica en que traducimos mal los hechos. Me explico: desde hace más de 5 años voy a comer a Veterinaria de Zaragoza. Desde hace más de 5 años veo cómo dejan las mesas los catedráticos, después de comer... En mi calidad de padre de un chico próximo a entrar enla Universidad
y contribuyente que les paga el sueldo, les aconsejé educadamente que dieran
ejemplo de civismo a los chicos. Se rieron. Se burlaron. Insistí. Me
echaron de la
Universidad.
Ahor a, dígame Sr. Fernando Benzo, ¿qué
lectura pueden sacar los universitarios del comportamiento de sus
"educadores"? ¿Se les podrá exigir a los jóvenes que sean educados en
el comedor? Pues al igual que eso, todo
lo demás. Para que venga usted ahora a criticarlos porque no le
saludaron, ¡venga hombre, no me haga reír!
Lo que ocurre, es que, en cuanto a educación se refiere, no tenemos nada qué venderles, ¿No cree?
Me sorprende desfavorablemente sus injustas palabras en la última página del Heraldo de Aragón del Marte día 11 de Junio, referentes a la mala educación de nuestros jóvenes, Sr. Fernando Benzo (Subdirector de Educación, Cultura y deporte), ¡qué fácil es echar balones fuera! Siempre resulta más descansado culpabilizar a los efectos ignorando las causas, ¿verdad? ¿Se ha planteado que quizá seamos los educadores, los responsables de la situación? Aunque el sistema educativo cambiara, seguiría todo igual porque el mal está en nosotros, "los mayores".
El problema radica en que traducimos mal los hechos. Me explico: desde hace más de 5 años voy a comer a Veterinaria de Zaragoza. Desde hace más de 5 años veo cómo dejan las mesas los catedráticos, después de comer... En mi calidad de padre de un chico próximo a entrar en
Ahor
Lo que ocurre, es que, en cuanto a educación se refiere, no tenemos nada qué venderles, ¿No cree?
"LA HOJA DOMINICAL"
Llega al cielo un poeta aragonés. En recepción se encuentra
a San Pedro. Al verlo, el poeta le dice:
− ¡San Pedro, San Pedro! Tus cejas son como cumbres nevadas. Tu
andar, ¡ay, tu andar! Tu andar armonioso cual...
Antes de terminar, San Pedro le corta y le reprende diciendo:
− ¡Cheee, corta el rollo! Ahórrate el jaboncillo, que aquí no vas
a publicar.
A lo que el poeta responde:
− No, si yo no quiero publicar, ya publiqué en la tierra. Yo lo
que quiero, es un puesto en la editorial de la hoja dominical.
San Pedro va y le dice:
− ¡Uy! Para eso tendrás que hablar con Dios.
Le pide audiencia a Dios y éste se la concede y le suelta el
poeta:
− ¡Dios mío, Dios mío! Cuán grandes y maravillosos son tus
prodigios. Maravíllame tu omnipotencia. ¿Tendrías un puesto en la
editorial del cielo, su excelentísima santidad?
A lo que le contesta Dios:
−Hijo mío, ese puesto ya está ocupado. Si quieres, te puedo
ofrecer un puesto como mujer de la limpieza. Pero hay un problema: el
editor es homosexual. Y te prohíbo
terminantemente que comas de esa manzana.
A la semana de estar allí, el poeta se hace con el mando de
la editorial. Viene Dios y le pregunta al aragonés:
− ¿Dónde está tu hermano, el editor de la hoja dominical?
− No sé, ¿acaso soy su guardián? Estará fregando los baños. Digo
yo, −le dice el poeta.
− ¿Qué has hecho? ¿No te mandé que no comieras de esa manzana?−le
pregunta Dios.
− El editor me ofreció, −le dice el poeta−, Además, si sabías
de mi flaqueza, ¿cómo pudiste atender mi súplica? La culpa es tuya...
LOS REYES DEL "SI ÉL VIENE, YO ME
VOY"
− ¡Maestro, maestro! En Aragón son los reyes del "si él viene, yo me voy".
− ¡Va! no creo. "La gente culta es muy educada y tolerante". ¿En qué te basas, pequeño Saltamontes?
− En que es eso lo que he sentido. Incluso hay una "Asociación Cultural" de la que era socio, que solo había consenso si limpiabas lo que ensuciaban los demás.
− Igual te piensas, que el insignificante hecho de pagar cuotas da derecho a mucho más...
− Yo creo maestro; que con la crisis, esto se va a acabar, ¿no cree?
− De momento, puede. La historia, pequeño Saltamontes, es un río.
− ¿Cómo que un río, maestro?
− ¿Ah no? Entonces, ¿qué es?...
− ¡Maestro, maestro! En Aragón son los reyes del "si él viene, yo me voy".
− ¡Va! no creo. "La gente culta es muy educada y tolerante". ¿En qué te basas, pequeño Saltamontes?
− En que es eso lo que he sentido. Incluso hay una "Asociación Cultural" de la que era socio, que solo había consenso si limpiabas lo que ensuciaban los demás.
− Igual te piensas, que el insignificante hecho de pagar cuotas da derecho a mucho más...
− Yo creo maestro; que con la crisis, esto se va a acabar, ¿no cree?
− De momento, puede. La historia, pequeño Saltamontes, es un río.
− ¿Cómo que un río, maestro?
− ¿Ah no? Entonces, ¿qué es?...
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