lunes, 24 de abril de 2017


LOS ANIMALES, A PESAR DE TODO, SON SIEMPRE ANIMALES
 De vez en cuando, "zancochando" en el facebook, veo archivos con vídeos imprudentes. Y utilizo este eufemismo de forma consciente por no utilizar otra palabra peor. Digo imprudentes porque, a veces, sin pretenderlo podemos estar contribuyendo, innecesariamente, a provocar accidentes de consecuencias imprevisibles. Se trata de esos vídeos en los que se ve a un recién nacido, al cual un perro de grandes dimensiones le  hace carantoñas o jugando con él de forma graciosa. Siempre que los veo, sin saber por qué, contengo la respiración. Tengo un cliente que es Policía Nacional. Un día, hablando de esto y de aquello, fuimos a parar a este tema, y me contó lo siguiente: "Como los perros suelen ser animales, en una ocasión una perra estaba jugando con un bebé. Éste se puso a llorar y la  perra, para calmarlo, cogió al bebé por el cuello y se lo llevó a su cojín. Cuando lo dejó allí, el bebé ya estaba muerto". En fin, cuando uno en su ignorancia contribuye directa o indirectamente a la muerte de alguien, esto es un atenuante aunque no le exime del castigo. Pero a partir de que uno es consciente del peligro que supone contribuir a la propagación de estos vídeos, esto supone un agravante tanto legal como moralmente. Sin contar que estos animales son transmisores de enfermedades. Por favor, no dejen que sus animales jueguen con los bebés.

UNA DERRAMA BIEN MERECIDA
 Hoy quiero solidarizarme con la sufrida clase política de éste país. Hoy quiero echarles un cable para valorar en su justa medida todos los sacrificios que hacen por este pueblo que se llama ¡España! Hoy quiero reconocer los grandes sacrificios y desvelos de todos ellos por el bien de su comunidad. Hoy quiero hacer un merecido homenaje con este escrito a los grandes méritos y esfuerzos que, calladamente y día a día desarrollan en favor del bien estar de todos los españoles. Hoy quiero enjugar con este pañuelo todos los sudores, todas las lágrimas vertidas por nuestra causa. Hoy quiero ensalzar, elogiar, poner de relieve, hacer constar, patentar todas las privaciones a las que se someten día a día por nosotros, nuestros sacrificados gobernantes. Hoy quiero calmar con este trapo el sufrimiento de nuestros adorados presidentes, senadores, ministros, alcaldes, concejales y todos los funcionarios que hacen funcionar a este país. No hay nada peor para la moral de una persona honrada, cuya máxima aspiración en la vida es hacer el bien a la humanidad y en particular a la tierra que le vio nacer, que se le tache injustamente de corrupto. Y para que no se vean en la necesidad vergonzante de que les tengan que subvencionar el menú de cada día, propongo hacer una derrama entre todos los españoles para que puedan comer dignamente como se merecen. ¡Ah! Y si sobra algo, para cafés, ¡qué menos! Dicen que es de bien nacidos ser agradecidos. Sé que es poca cosa, pero yo quiero serlo, yo quiero desde aquí, desde esta sin par tribuna que me brinda este periódico, alzar mi voz  para mandarles a todos ellos un grito desgarrado de hermandad y fraternidad. Gracias, gracias queridos gobernantes...
OMAR SHARIF O EL ARTE DE DEJARSE HACER
Cuando se elige una profesión, no solo se escoge un trabajo. No solo se designa una forma de ganarse la vida. No es una decisión cualquiera, como aquel que se compra unos pantalones. Cuando decidimos a lo que nos vamos a dedicar el resto de nuestros días, seleccionamos un camino. Es como aquel que nombra a un profesor para que haga de él, un profesional. En realidad, la obra de arte no está fuera; somos nosotros, eres tú. Está en potencia, y el amor por el trabajo que hemos adoptado, será nuestro guía para que aflore. Al igual que a  Federico García Lorca, a  Omar Sharif también le afloró. Él era el objeto labrado. Y sus obras, no son más que el producto de lo que tenía en su interior. Cada una de sus películas, hacían en él el mismo efecto que un martillazo en el mármol. Cada una de las poesías de García Lorca, fueron como la raspadura de un cincel. La herramienta tan solo fue quitando lo que sobraba y dejando lo que ya era desde el principio. Dicen que no hay nadie imprescindible, y puede que tengan razón. Pero, sí somos insustituibles. Nadie volverá a interpretar las películas como lo hacía Omar Sharif, nadie volverá a escribir poesías como lo hacía Federico. El amor es un martillo, es un pincel, es una pluma, es una cámara... Solo hay que dejarse hacer.

EL SOL, UNOS ESPEJOS Y LA FATIGA

 Hace un calor extenuante. Son las 15:45. Salgo a la calle Compromiso de Caspe. Mi paso es pesado, cansado, cascado... Ahora camino cabizbajo por la calle Miguel Servet. Mis manos se balancean con fatiga. De vez en cuando levanto la cabeza precariamente para cerciorarme de que no hay ningún obstáculo a mí alrededor. Me encuentro exhausto, acabo de comer y estoy hecho polvo. Los pájaros están fritos. La gente se cruza conmigo, parece que abren la boca con dificultad, y me digo: "Quizá estén hablando". El sonido me llega a 10 revoluciones. Después de un titánico esfuerzo, estoy a la altura de la Biblioteca del Matadero. De repente, un coche asoma el morro a través de un garaje en el momento en el que pasaba un peatón. El auto frena pesadamente y el conductor levanta la mano con un denodado denuedo en señal de disculpa ¡uy!, -me digo-, y pienso no sin un gran sacrificio: "Quizá dos espejos en la salida de los garajes nos ahorraría algún que otro susto a todos"... Después de quemar mis últimas energías con este pensamiento, me siento para recuperarme. Tras tres cuartos de hora recostado, me digo: "¡Ánimo Venancio, sé valiente!"  Levantando dolorosamente un pie tras otro y arrastrándolos por la acera, me dirijo a mi quehacer diario. Quizá para la hora de chapar haya llegado a mí puesto-pensé-. Hace un bochorno inconmensurable. Son las 16:35 y estoy que no puedo más, ¡uf!

"EL ÁRBOL QUE SE TUERCE DE PEQUEÑO..."
 Normalmente, donde hay ceniza ha habido fuego. No hace falta ser un lumbreras para llegar a esta conclusión, ¿verdad? Pero, no es tan fácil vislumbrar qué hay detrás y delante de unas palabras. No hace mucho, estando yo comprando en un supermercado, presencié algo que me dejó estupefacto. Resulta que una mujer estaba con su hija comprando por los pasillos del local. La señora empujaba un carro y la pequeña iba detrás de ella tocando los artículos. La niña debía de tener unos 5 o 6 años más o menos. Cuando se dio cuenta la mamá de lo que estaba haciendo su hija, le dijo: " fulanita, no toques nada que si no, cuando lleguemos a casa te castigaré". La nena, ni corta ni perezosa le contestó: "Si me castigas te denunciaré a la policía". La señora sonrió con una mueca forzada. Nos miramos a la cara sin decir nada. Ella se encogió de hombros y no le dijo ni le hizo nada a su chica. Pienso que estas amenazas por parte de los niños a los padres no se pueden consentir, pero no culpo a los pequeños. Muchas veces somos los padres quienes azuzamos a los hijos contra el otro. Sobre todo los divorciados, con el objeto de hacer daño a la otra parte. Aunque no creo que sea la única causa de esta falta de respeto, sí que la considero la más importante. Estimo que el bien de los niños ha de estar siempre por encima de nosotros mismos. Al fin y al cabo, nosotros ya somos mayores y ellos tienen una larga vida por delante.
LOS VALORES MORALES ES COSA DE TODOS
 ¿Por qué ahora? ¿A quién beneficia? ¿A quién perjudica? No quiero hablar sobre lo que no sé. Éstas son solo unas preguntas que me hago y no quiero especular sobre ellas. De lo que sí quiero hablar es del ejemplo que damos los padres a los hijos. Hoy domingo día 27 viene en el Heraldo una foto de la familia de Jordi Pujol con su mujer y todos sus hijos. Casi todos ellos con estudios universitarios. Casi todos ellos con un futuro prometedor. Casi todos ellos con todos los triunfos en sus manos. Casi todos ellos corruptos. ¡Qué pena! No es de mi agrado ver como caen los árboles. Y no quiero hacer leña del árbol caído. Decía Sócrates que un hecho que no se analiza pasa desapercibido, por eso quiero analizar lo del ex presidente Jordi Pujol. Hace poco escribí un artículo elogiando las buenas maneras que hacen gala los estudiantes de Veterinaria, y la poca educación que demuestran con los trabajadores a la hora de dejar las mesas limpias después de haber comido. Me preguntaba en aquel escrito cual sería nuestro futuro con gente así, gente que posiblemente algún día nos gobiernen. ¿Qué está pasando? La cultura no sirve de nada sin educación. La educación no sirve de nada sin valores morales. Los valores, los ejemplos los tenemos que dar todos, no solo los padres también los profesores, catedráticos, jefes, encargados tú y yo todos. ¡Ala! Ahora hundamos a ese hombre y a toda su familia. ¿A ver quien le da más profundo con la piedra? ¡Qué espectáculo!
ESCRIBIR ES UN VIAJE HACIA DENTRO

Escribir es como viajar. Supongamos que decido conocer Andalucía. Supongamos que voy a una agencia de viajes y pago unas vacaciones programadas, esta sería una opción. Al escribir ocurre lo mismo. Uno tiene una idea sobre dónde quiere ir a parar y paulatinamente le va dando forma obedeciendo a la razón que, en este caso haría el papel de agencia de viajes. Pero también existe otro modo de viajar y otra manera de escribir. Está también el viaje a la aventura. Quiero ir a Andalucía, pero no programo nada, ni siquiera el momento de ir. Y cuando me viene de gusto, me presento allí y voy decidiendo sobre la marcha, según lo que la suerte me vaya deparando. Al igual que en este caso, existe la escritura improvisada. Que surge sin que uno haya tenido nada que ver en lo que va a decir. A esta escritura algunos se la atribuyen a la inspiración, otros a las musas, al estar en vena, al estar sembrado, etc... Decía Picasso: "La inspiración existe, pero  te tiene que coger trabajando". También dicen los creyentes que la Biblia la escribieron los hombres por inspiración divina. En cualquiera de los casos, es imposible demostrar nada. Aunque bien es cierto que unos son más proclives a creer una cosa y rechazar la otra. En fin, viajar es como escribir, se trata de una experiencia que se conoce mientras se va haciendo  el camino, creo...


¿POR QUÉ HACER MAL A QUIEN SOLO SABE HACER EL BIEN?

Esta mañana,  me encaminaba hacia mi trabajo por la calle de Miguel Servet y, he visto algo que me ha sorprendido tristemente. La gente pasaba a su lado pero, nadie le hacía caso. Ella estaba allí sola; se la veía rota, cabizbaja, mas nadie se paraba para echarle una mano. Esta mañana me he dado cuenta de que no hay nada peor que caer en desgracia. Su cara reflejaba el estado de su corazón. Sus brazos, sus brazos pedían a gritos que la dejasen caer de una vez por todas y acabar con aquel sufrimiento. Mas la gente no hacía caso. Yo la miré y, tampoco hice nada, pasé de largo. Mientras caminaba, me iba diciendo: " ¿A quién ha podido hacer mal ésta para que le den ese trato? De repente, sentí que algo me tocaba el hombro. Pensé: ¿Será ella que me quiere decir algo?". Me pasé la mano; miré hacia atrás y, nada, allí no había nada. Esta mañana he visto que dos ramas pendían cabeza abajo de un pequeño árbol que hay plantado en la calle de Miguel Servet. Más tarde he pensado que todos estamos como esas ramas, rotas sin saber por qué. El árbol solo sabe hacer el bien. Nosotros, nosotros, ¿acaso solo sabemos hacer bien el mal? ¿Por qué?
EL CINE COMO TERAPIA EMOCIONAL

El cine es un espacio-tiempo para vivir otras vidas, desconectando o no  de la propia, y es un mundo para mirar y reflexionar. Puede ser que la película te deje pensativo, que te trasmita un sentimiento, una emoción, una nueva mirada. Hay gente a la que la repetida visión de la misma película le potencia determinados comportamientos de autoestima y le ayuda a superar sus problemas. El cine es una terapia emocional de descarga que, muchas veces, nos ayuda a hacer cambios y a evolucionar. Habrás comprobado que tras una película vuelves a la realidad con una nueva perspectiva sobre esa realidad o sobre ti mismo. Una película estimula las emociones y provoca significados existentes en cada persona. Después la reflexión le permite entenderlos. A medida que avanza la historia, te pones de parte de un personaje  o de otro, te comparas, analizas cómo lo harías tú, imaginas qué puede pasar, reflexionas sobre lo que escuchas o lo que ves, y disfrutas o sufres al máximo. Actúa como espejo, como señal, como consuelo, como estímulo. Sales del cine flotando y te sientes valiente, interesante, como si el mundo que te rodea estuviera dentro de la pantalla y como si tú supieras claramente cuál es la escena siguiente de tu vida. Para cada momento hay una película pero, si estás pasando por una depresión, elige una historia alegre y sencilla, la risa remedia muchos males. Esto es sinónimo de inteligencia...


MANTENGAMOS LA ALFRANCA VIRGEN
 ¡Ay, qué placer! Hoy es domingo. Esta mañana he hecho algo que, la verdad, me ha dejado emocionado. He disfrutado, como se suele decir y perdonen la expresión, como un enano. Como son las 19:45 del mismo día y, todavía lo tengo caliente en mi memoria, me he dicho: "¿Y por qué no lo cuentas?" Y aquí voy. En mi naturaleza está el no alardear de mis conquistas y logros pero, es que esta mañana ha sido tal el éxtasis que he experimentado, me lo he pasado tan bien con mi compañera que, no puedo dejar de decirlo a los cuatro vientos para que otros puedan llegar a donde yo llegué y no es vanidad... Yo, yo señores soy montañero. Me gustan los espacios abiertos. Las grandes montañas. He recorrido la gran mayoría de nuestros Pirineos querido. He de reconocer que esta mañana; he ido a La Alfranca. Ese espacio natural que está frente a la Cartuja, ¡ay, qué placer al recordarlo! Me he dado cuenta de que no hace falta irse a cientos de kilómetros para tener una experiencia intima con la naturaleza. Campos sembrados de alfalfa y agua,  toros de lidia y agua, aves de todas las clases y agua, Árboles y más árboles de todas las especies y agua y más agua... Solo hubo una cosa que estropeó el paseo, ¡me cachis! Es una cosa que va acompañada de un gesto... Son las botellas, paquetes de cigarros, plásticos, etc..., que  algunos depositan cuidadosamente en los márgenes de la pista. Por favor, ¿qué cuesta meterlos en la mochila y una vez en Zaragoza, arrojarlos en un contenedor? ¡Venga hombre, si no cuesta tanto!...
EL CUENTO DEL HOMBRE QUE SE PERDIÓ
Había una vez, un hombre que se perdió en su propia ciudad. Cuando se percató de su estado, se dijo: "Tengo que procurarme la subsistencia". Entonces, meditó en las cosas prioritarias que tenía que llevar a cabo. Después de mucho darle vueltas al asunto, se dijo: "Una de las primeras medidas que debo realizar, es cambiar el nombre a las cosas: lo que se llama Felipe, lo llamaré Luis y así todo". Estando desempeñando esta complicada labor de cirujano, oyó un ruido: se agachó y se puso en guardia. Miró hacia la derecha, y vio a gente que lloraba. Miró hacia la izquierda y vio a otros que reían. Miro hacia abajo y, y, de repente  lo comprendió todo con absoluta claridad. El ruido procedía de su estómago: era un ruido desgarrador, como si toda la tierra estuviera gritándole... Y se dijo: "Yo no poder escuchar ruido por largo tiempo, me desconcentra. Yo matar al ruido". Entonces, cogió el machete y se abrió el abdomen de parte a parte... Y prosiguió con su prioritaria faena.
¡ÁNIMO NADAL!

 Quién pudiera llegar a donde tú has llegado en el ejercicio de su profesión. Quién pudiera levantar tantas veces los brazos como tú los has levantado. Quién pudiera aupar su medio de vida a los lugares a donde tú lo has colocado. Quién es el guapo que ha elevado tantas veces como tú la copa de campeón. Quién es capaz de morder tantas veces como tú has mordido el triunfo. Quién como tú puede decir que es el mejor deportista de todos los tiempos de su país, en lo suyo. Quién o qué deportista puede decir que ha sido número uno en el mundo por tanto tiempo. Quién o qué jugador de tenis en el mundo ha ganado 9 veces el Roland Garros; nadie. No sé lo que pasará en el futuro pero, pase lo que pase, quiero decirte que me gustaba verte ganar. Que me encanta esa forma tuya de jugar. Quiero decirte que me hacías vibrar, que nunca antes había disfrutado tanto viendo un partido de tenis. Quiero decirte Nadal, que aunque no vuelvas a ser el de antes, para mí seguirás siendo el número uno de todos los tiempos. Aunque he de confesarte, que me gustaría volver a verte triunfar. Desde Zaragoza te mando mis mejores deseos ¡vamos, ánimo, a por ellos!...

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