NO DEJES PARA MAÑANA
EL BIEN QUE PUEDAS HACER HOY
En el Boeing-777 de Malaysia Airlines va pensando un hombre para
sí:
-¡Uf, qué bien que ya terminaron las vacaciones! Cuando llegue a
casa, lo primero que haré será darle un fuerte abrazo a mi mujer y pedirle
perdón. Reconozco que no me porté bien y, no quiero perderla. Después, iré a
reconciliarme con mis hermanos. He decidido que prefiero perder la parte de la
herencia que me corresponde que perderles a ellos. Total, pienso que a mis
hijos les va a enriquecer más mi gesto que todo el dinero que me correspondería
después de repartir el patrimonio de mis padres. Después de pensarlo mucho en
estas vacaciones, he decidido que no merece la pena. Más tarde, iré a ver a mi
amigo de toda la vida al Hospital. El amigo que me traicionó. Aquel al que le
alquilé mi piso a un precio regalado y más tarde me lo destrozó. Dejándome a
deber un año y medio. Eso sin contar los gastos del juicio. Por cierto, a mi
jefe le he comprado un recuerdo, tengo que reconocer que estuvo mal lo que le
dije. Espero que lo sepa comprender. Estas vacaciones me han servido para
meditar en mi vida y he decidido que a partir de ahora las cosas van a cambiar,
¡sí, voy a cambiar totalmente, qué contento estoy! ¡Je, je, je! Ya está bien de
ser tan intransigente. Ya está bien de ser tan rencoroso. Ya está bien de ser
tan vengativo. Estoy cansado de mi forma de... ¡Bom!
Al día siguiente, dicen todos los periódicos: “El Boeing-777 de
Malaysia Airlines tuvo ayer un accidente, no ha habido supervivientes”
EL
EFECTO DE RECOGER UN PAPEL QUE TÚ NO TIRASTE
Este fin de semana estuve en la Sierra de
Guara. Concretamente, en un lugar que se llama el salto de Roldan. Es un sitio
magnífico al que recomiendo a todo el mundo que sienta amor por los espacios
abiertos. ¡Ay! Pero no es de esto de lo que quería hablar, quiero
referirme al hecho de que, pienso que a todo el mundo le gusta ir a la
montaña y encontrarla limpia. Sin plásticos. Sin botellas. Sin latas. Sin cajas
de cigarrillos. En fin, sin todo aquello que no es propio encontrar en la
naturaleza. Si tirar basura al suelo está feo en cualquier lugar, creo en la
montaña es más condenable. Es cierto que, a veces, se nos puede caer, olvidar,
volar con el viento, etc., pero considero que no es humillante recoger, aunque
sea una sola unidad de basura, echarla en nuestra mochila y en el pueblo más
próximo, arrojarla en un contenedor. Esto, aunque es un detalle casi
insignificante, si todos los que subimos a ella lo hiciéramos, la montaña
estaría más limpia. Creo que esto serviría para concienciar a todo el mundo de
que el campo es algo nuestro, que es nuestra responsabilidad mantenerlo en buen
estado y para que nuestros futuros nietos puedan sentir orgullo de la herencia
positiva que les dejamos en sus manos.
EL
SILECIO NO ES CALLAR
Un
viejo proverbio Chino dice que cuando te falten las palabras, no digas nada.
Esto que parece tan sencillo, tan elemental, tan de Perogrullo no es tan fácil
de comprender. Cuando me enteré de la muerte de D. Alfredo Di Stéfano me dije
que tenía decir algunas palabras, algo en su honor. Pero qué decir si apenas lo
conocía. Si en su época yo era un renacuajo que apenas levantaba medio metro
del suelo y además, yo estaba peleado con el fútbol por motivos que no vienen
al caso. Ahora tengo 55 años, así que calculen. ¿Qué decir de alguien que no
conoces? ¿Qué vas a ponderar? Es fácil a la muerte de una persona exaltarla.
Incluso hay por ahí algunos refranes que critican este hecho. Yo no quiero
decir nada. No quiero decir que me parecía una buena persona no, no lo voy a
decir. Como no voy a decir que me parecía un sabio lleno de humildad no,
tampoco no lo voy a decir. Prefiero callar y dedicarle mi silencio más
respetuoso para no caer en tópicos típicos en estas circunstancias. Tampoco voy
a dedicar mi más sentido pésame a la familia porque para qué, si estarán
cansados de palabras, muestras de dolor y agitar de brazos no, no
voy a decir nada. Solo, solo le dedicaré una oración en silencio sin que nadie
me vea ni me oiga por el eterno descanso de su alma. Y un adiós sentido y un
gracias por haber ilusionado con su entrega a este deporte que nos saca de
nuestros problemas por un tiempo. No, no voy a decir nada...
EL QUE ESTÉ LIBRE DE CULPA QUE ARROJE LA
PRIMERA PIEDRA
En
referencia a la muerte por inanición de la señora anciana de la Muela. Resulta
entretenido analizar las reacciones humanas ante un hecho así. Por supuesto, la
mía también. La muerte de cualquier ser humano es injustificable. Si se ha
producido en las circunstancias que dice la prensa, es de una crueldad
intolerable. Pero creo que la prudencia aconseja no emitir juicios precipitados
antes de saber toda la verdad. Por otra parte, si el/los acusados fueran
nuestros hijos, me gustaría saber si emitiríamos el veredicto con la misma
dureza. Nos pasamos todo el día tomando decisiones, actuando, opinando,
enjuiciando... Y en realidad, con nuestro propio juicio, nos enjuiciamos a
nosotros mismos. Como dice la Biblia: "Con la medida que midas, te medirán".
Yo no soy juez para condenar. Y para hacer juicios morales ya está Dios. No me
creo mejor que nadie. Aunque no la conocía a esta pobre señora, lamento su
muerte. Y la misma consideración le guardo a su nieto y a su pareja. Creo que
son dignos de compasión, porque les queda una larga vida por delante... Que la
ley haga su trabajo, Dios el suyo y yo me guardaré mucho de tirarles piedras.
¿Y usted?
ELOGIO DEL SILENCIO
El silencio no es
callar. ¿Por qué hablamos sin necesidad? Una cosa es comunicarse y otra es el
terror a los espacios en blanco. Existen infinidad de refranes criticando el
exceso de palabras y otros tantos alabando lo contrario, el silencio. Nada
mejor que la propia experiencia para saber la verdad de este hecho: cuando nos
encontramos con alguien que no deja de hablar, salimos con dolor de cabeza. La
televisión ha desplazado el diálogo mientras se come en familia, pero esto solo
es un cambio de enfoque. La filosofía Oriental sostiene que meditar es
prestar atención a una acción a la vez. Porque; o le prestamos oídos a la
comida o saboreamos la conversación, pero no se puede observar dos cosas a la
vez con la misma intensidad. El ser humano tiene la habilidad de hacer de lo
insignificante un arte, y banalizar lo fundamental. Dice nuestro refranero:
"La palabra justa en su momento preciso es de plata". Los ampulosos
circunloquios tienen más que ver con alguna carencia que con una abundancia.
Pero insisto, ¿por qué hablamos sin necesidad? Para preguntar sobre cualquier
tema, se requiere cierto conocimiento. Pero el que no sabe, va dando palos de
ciego. Según los Evangelios, a Jesús se le acercaba la gente para hacerle
preguntas. Una vez respondidas éstas, dejaban de cuestionarle, se callaban y se
iban. Según esto, hablamos porque dentro de nosotros hay ruido, dudas. Una vez
conseguimos formular las preguntas necesarias y encontradas las respuestas, se
va creando en nosotros el silencio. Se puede decir que el silencio interior es
una conquista, es la culminación de una búsqueda. Y como consecuencia de este
logro, termina nuestra necesidad.
¿PEDIR
PERDÓN A NUESTRO CUERPO?
I Cor
6:19:” ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es Santuario del Espíritu Santo,
que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?”.
Nuestro cuerpo es sintiente y pensante. Así lo dicen muchos
pueblos indígenas del mundo: en Australia, cuando una persona enferma
o ha sido herida, la tribu entera se reúne alrededor del enfermo y
le canta pidiéndole perdón a la herida o la parte afectada, la cual automáticamente
entra en remisión y se dan curaciones milagrosas. Lo mismo
ocurre en las asombrosas curaciones de los Kahuna o médicos-magos hawaianos.
Éstos entran en comunicación directa con la parte afectada pidiéndole perdón. En el
conocimiento ancestral Inca, todo es reciprocidad. Uno enferma cuando se llena
de energía pesada o “hucha”, por tener actitudes egoístas y no dejar fluir el
“sami” o energía ligera. Por ello,
en las curaciones se pide a la parte del cuerpo que se armonice con Pachamama
(la Madre Tierra) y permita que el bloqueo se equilibre. Y la persona sana. En el caso
de los indios Lakota, en el norte del continente americano, se le habla al
cuerpo para informarle que una medicina va a curarlo. A la medicina también se
le informa del propósito para el que será utilizada. Y, lógicamente, las
personas sanan. La sabiduría del cuerpo es un buen
punto de acceso a las dimensiones ocultas de la vida: es totalmente invisible,
pero innegable. Los investigadores médicos
empezaron a aceptar este hecho a mediados de los años ochenta. Anteriormente
se consideraba que la capacidad de la inteligencia era exclusiva del cerebro,
pero entonces se descubrieron indicios de inteligencia en el sistema inmune,
luego en el digestivo y más tarde en todo el cuerpo. Después de todo lo dicho,
y viendo cómo tratamos a nuestro cuerpo, deduzco que necesitamos reconciliarnos
con él...
LA SOMBRA DEL CIPRÉS
La sombra del Ciprés era
alargada; pero el inescrutable Cipriano Castro oteaba el horizonte... Sin
embargo, nada era capaz de ensombrecer la largueza de su falta de escrúpulos.
El sol le abrumaba. No en vano era albino. Por eso se ocultó detrás de la
imagen del cupresáceo. Se dijo: “quisiera morir en este momento, ¡qué
felicidad!”.
Cipriano Castro era detective
privado. Se encontraba trabajando tras la pista de un delincuente
extremadamente peligroso, que hacía una década trajo de cráneo a todo el
departamento de policía de Ohio. Mientras ascendía por las profundidades de los
hechos más sobresalientes, quiso la suerte poner a su alcance el modo de llegar
a la resolución de aquel terrible crimen. Extrajo de forma fraudulenta un
detector sísmico que, en uno de sus registros rutinarios, encontró arrumbado en
un inmueble de San Set Bulevar. Aquel instrumento, inopinadamente, iba a ser la
clave para la resolución del misterioso suceso.
"APRENDIENDO"
Estando Jaimito en clase, el
profesor le pregunta:
− ¿Jaimito, dime 10 femeninos de profesiones?
Y Jaimito empieza a enumerarlas:
−1º De albañil, albañila.
2º de general, generala.
3º De capitán, capitana.
4º De sargento, sargenta.
5º De cabo, caba.
6º De soldado, soldada.
7º De alférez, alfereza.
8º De taxista, de taxista, de taxista. Aquí me he encallado Sr. Profe, ¿cómo se diría señor profe?
− ¿Jaimito, dime 10 femeninos de profesiones?
Y Jaimito empieza a enumerarlas:
−1º De albañil, albañila.
2º de general, generala.
3º De capitán, capitana.
4º De sargento, sargenta.
5º De cabo, caba.
6º De soldado, soldada.
7º De alférez, alfereza.
8º De taxista, de taxista, de taxista. Aquí me he encallado Sr. Profe, ¿cómo se diría señor profe?
Y el profesor le contesta:
− De taxista, taxistora. Jaimito, se dice taxistora.
− De taxista, taxistora. Jaimito, se dice taxistora.
Jaimito- le dice el profesor
−te queda dos por enumerar.
Se queda pJaimito pensativo, y contesta:
−9º De chofer, chofera.
Se queda pJaimito pensativo, y contesta:
−9º De chofer, chofera.
10º Y de submarinista,
submarinistora.
− Muy bien Jaimito, muy bien. Se nota el dinero que se gastaron tus padres en ti. Entre todos hemos conseguido hacer de ti un hombre de provecho...
− Muy bien Jaimito, muy bien. Se nota el dinero que se gastaron tus padres en ti. Entre todos hemos conseguido hacer de ti un hombre de provecho...
MEMORIAS DE UN
CACHORRO
Estoy dentro de
un contenedor frente al número 75 de la calle Emilio Castelar. Son las 5 de la
madrugada del 11 de junio. Hace varias horas que alguien me arrojó a este
infecto lugar. Hay unas cuantas bolsas de basura, menos mal que ya pasó el
basurero; de lo contrario podría morir aplastado. Estoy dentro de este
contenedor y temo por mi vida. Si pudiera, si me diera otra oportunidad mi
dueño, sería bueno: no ladraría fuerte, no correría por el piso, no me haría
pis en el suelo, me quedaría quietecito en mi rincón... He de ser valiente, ya
me lo decía mi mamá, pero es que soy tan pequeño. ¡Oigo una persiana!:
"¡Guau, guau, gua! ¡Socorro! ¡Guau, guau, guau! Alguien abre la tapadera
del contenedor, es una mujer, ¡Ay, estoy salvado! Ella intenta cogerme pero no
alcanza. Oigo la voz de un chico, de repente: mete la cabeza, se balancea y me
coge del cuello. ¡Uf, gracias Dios mío! Entro en el bar que hay en la misma
acera y me dan de comer, es una buena mujer. Un poco más tarde, llegan unos
hombres de uniforme y después, otros hombres que parecen ser de la protectora
de animales. Me recogen y con mucho cuidado me llevan a un edificio. Al día
siguiente viene mi dueña y me lleva a casa. ¡Guau, guau, guau! ¡Seré bueno, seré,
bueno!...
HABLEMOS EN ORO
− ¡Estoy hasta los cojones!, hablando en plata.
− Pues, si se trata de eso, hablemos en oro.
¿Lo pillas?
EN LA PELUQUERÍA.
Una señora entra en una peluquería. El peluquero está cortándole el cabello a una clienta. La señora que entró, le dice al peluquero:
− ¡Tengo mucha prisa, tengo mucha prisa, tengo mucha prisa!
El peluquero termina de arreglarle el cabello a la clienta que entró en primer lugar, y cuando va a empezar a cortarle el pelo a la señora de la prisa, ésta le dice:
−Ahora ve despacio y házmelo bien, ¡eh!
Una señora entra en una peluquería. El peluquero está cortándole el cabello a una clienta. La señora que entró, le dice al peluquero:
− ¡Tengo mucha prisa, tengo mucha prisa, tengo mucha prisa!
El peluquero termina de arreglarle el cabello a la clienta que entró en primer lugar, y cuando va a empezar a cortarle el pelo a la señora de la prisa, ésta le dice:
−Ahora ve despacio y házmelo bien, ¡eh!
"EL CASILLERO"
−Papá, ¿para qué sirven las señales de
tráfico?
−Para saber lo que tienes que hacer en cada momento, cuando circulas por la calle.
−Y ¿hay alguna señal para saber cómo nos debemos comportar en sociedad?
− Claro, las leyes.
−Y a nivel particular, quiero decir, entre padres e hijos, hijos y padres, hermanos con hermanos, amigos con amigo, etc...
− Pues, consultando a la conciencia o a los códigos de comportamiento.
− ¿Y si uno tiene dormida la conciencia o no se cree en esos códigos?
− Entonces, hay que acudir a la razón, a lo justo, al equilibrio, al amor, la caridad, la balanza, la legalidad..., fíjate en mí.
−Para saber lo que tienes que hacer en cada momento, cuando circulas por la calle.
−Y ¿hay alguna señal para saber cómo nos debemos comportar en sociedad?
− Claro, las leyes.
−Y a nivel particular, quiero decir, entre padres e hijos, hijos y padres, hermanos con hermanos, amigos con amigo, etc...
− Pues, consultando a la conciencia o a los códigos de comportamiento.
− ¿Y si uno tiene dormida la conciencia o no se cree en esos códigos?
− Entonces, hay que acudir a la razón, a lo justo, al equilibrio, al amor, la caridad, la balanza, la legalidad..., fíjate en mí.
− Papá, la denuncia que le
pusiste a tu padre, ¿en qué casillero de esos que has nombrado la
pondrías?
¿QUÉ PLANES TIENE?
Un hombre estaba labrando la tierra. Llega otro y le dice:
− ¡Pepe! La María, que está pariendo.
El labrador deja el arado. Sale corriendo. Llega a su casa: se pone los guantes, la bata, el estetoscopio, la mascarilla... Entra en el dormitorio y, ¿Qué ve, ¡Eh!, qué ve? Nada. No ve nadas.
Pepe se pone a pensar, y se dice:
−Pero, si yo no me llamo Pepe, ¿por qué respondo?−y pensó más− si no tengo mujer, ¿cómo voy a tener un hijo?, −y pensó más−, pero, si no soy médico, ¿por qué me he puesto todo esto?, −y pensó más−, pero si esta casa no la conozco, ¿cómo he podido encontrar el dormitorio? −y pensó más−, ¿acaso esto sea un sueño? ¿Acaso no sea yo el que está pensando? ¿Acaso sea mi boca la que me está indicando? Sí, bien, vale, pero ¿hacia dónde, hacia quién? ¿Con qué objeto?, − y pensó más−, Si es otro que no soy yo, ¿por qué no lo hace todo Él, y me ahorra el esfuerzo?
Si es que, en realidad, soy alguien o algo...
¿Quién seré yo para que Él se fije en mí? ¿Qué pintaré yo en todo esto??
Un hombre estaba labrando la tierra. Llega otro y le dice:
− ¡Pepe! La María, que está pariendo.
El labrador deja el arado. Sale corriendo. Llega a su casa: se pone los guantes, la bata, el estetoscopio, la mascarilla... Entra en el dormitorio y, ¿Qué ve, ¡Eh!, qué ve? Nada. No ve nadas.
Pepe se pone a pensar, y se dice:
−Pero, si yo no me llamo Pepe, ¿por qué respondo?−y pensó más− si no tengo mujer, ¿cómo voy a tener un hijo?, −y pensó más−, pero, si no soy médico, ¿por qué me he puesto todo esto?, −y pensó más−, pero si esta casa no la conozco, ¿cómo he podido encontrar el dormitorio? −y pensó más−, ¿acaso esto sea un sueño? ¿Acaso no sea yo el que está pensando? ¿Acaso sea mi boca la que me está indicando? Sí, bien, vale, pero ¿hacia dónde, hacia quién? ¿Con qué objeto?, − y pensó más−, Si es otro que no soy yo, ¿por qué no lo hace todo Él, y me ahorra el esfuerzo?
Si es que, en realidad, soy alguien o algo...
¿Quién seré yo para que Él se fije en mí? ¿Qué pintaré yo en todo esto??
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